1º Básico a IV° Medio
Generosidad: “La persona generosa actúa desinteresadamente y con alegría en favor de otras personas, aunque le cueste esfuerzo”.
Definición
Todos estamos en camino hacia una plenitud que todavía no alcanzamos. Sentimos que se puede saber más, hacer más, tener más, valer más, querer más … que existe algo que todavía no se alcanza, una plenitud que podríamos llamar madurez … y también felicidad.
¿Y qué es esa plenitud? Una forma de entenderla es llegar a ser realmente señores de nosotros mismos, dueños de nuestros actos, libres de verdad. Entonces la pregunta es ¿cuándo soy señor de mí mismo? Una respuesta es que el señorío se manifiesta cuando ejercemos el autodominio necesario para superar nuestro egoísmo y darnos a los demás. Es la virtud de la generosidad. Y es un requisito, la puerta de entrada, para amar. Se pueden dar cosas, pero nada supera al darse uno mismo, dando tiempo y esfuerzo para el bien de alguien … ¿y no es eso el amor?
Educar a nuestros hijos en la generosidad es ayudarlos a ser capaces de amar y, amando, a ser felices. Que aprendan a valorar lo que tienen y a compartirlo con los demás, especialmente cuando demanda un sacrificio: sus cosas, su atención, sus talentos, su tiempo …
La vida diaria ofrece muchas ocasiones de ejercitar la generosidad. Con un poco de intencionalidad podemos aprovecharla para crecer todos, en familia, en esta importante faceta de la personalidad.
El paso previo para ser generoso es tener la sensibilidad y el interés de captar lo que los otros necesitan: si apenas me doy cuenta de que los otros existen, difícilmente podré enterarme de lo que necesitan de mí. Este respecto por la dignidad de los otros y el verdadero interés por su situación es requisito para ser generosos: acompañar al amigo que juega solo, ayudar al que le cuesta determinada materia, al hermano que necesita ayuda, apoyar a la mamá que está llena de trabajo, acompañar al papá que está cansado, socorrer y acompañar a los pobres que se cruzan en nuestro camino o que viven a pocas cuadras de nuestra casa, animar a la nana que está pasando por un momento difícil, o simplemente hacerle el trabajo más fácil siendo más ordenado, etc.
Otro requisito para fomentar la generosidad es ser agradecidos: que den las gracias, que se alegren cuando alguien les hace bien, aunque sea lo normal, que no den por obvio todo los bueno que hay en sus vidas … que den gracias a los demás y a Dios.
Dar y darse, sin esperar nada a cambio sino solamente por el bien de cualquier otro, y no sólo de los que “me caen bien”: ese es el objetivo de esta virtud, necesaria para alcanzar la ansiada madurez.
En el mes de la Solidaridad, ojalá conozcamos e imitemos mejor el ejemplo de San Alberto Hurtado. Leer sus escritos y meditar su vida puede ser de gran ayuda para crecer en generosidad.
Algunas consignas y actividades con el hijo, que ayudarán a educar la virtud en la casa:
- Exigir y animar a los hijos a dar las gracias y actuar en consecuencia cuando reciben un favor o una ayuda.
- Animarlos a hacer algo por los compañeros que se encuentren solos, invitarlos a la casa, ir a verlos, etc.
- Pedirles que ayuden más en la casa, con el orden de sus cosas, pero también con servicios a los demás. Que la casa no sea un hotel, sino un lugar donde todos aportan algo para crear el ambiente de hogar familiar.
- Hacerles ver que tienen mucho que darle a los demás: talentos intelectuales, deportivos, alegría, compañía, apoyo, buen ejemplo, disculpas, etc., y que todo esto se maximiza cuando se da, aunque sea con esfuerzo.
- Enseñarles y darles ejemplo de interés por los demás, especialmente los más necesitados: hacer alguna visita a barrios pobres los sábados en la tarde (es tan fácil como llenar una bolsa de ropa y alimentos e ir a entregarlos haciendo un rato de compañía a la familia que los recibe).
- Motivarlos a ordenarse en el uso de su tiempo para que les alcance para hacer algo por los demás.
Orientación a los padres
“Aprovechemos el mes de la solidaridad para crecer todos en generosidad”