1º Básico a IV° Medio
Laboriosidad: “Es la virtud que nos lleva a hacer con cuidado y esmero las tareas, labores y deberes cotidianos”.
Definición
La vida, en cada edad, está llena de tareas, unas más difíciles que otras. De hacerlas lo mejor posible depende nuestra satisfacción personal, cumplir nuestros deberes de estado y la oportunidad de servir a los demás. Pero hacer con esmero lo que toca hacer no solo tiene fines prácticos; además puede ser ocasión de crecimiento personal y de acercamiento a Dios.
Lo que hacemos externamente es reflejo de lo que llevamos dentro; la forma en que lo hacemos, las prioridades que nos damos en la práctica (no las teóricas), reflejan los hábitos de nuestra voluntad, en definitiva, cómo somos, dónde tenemos puesto el corazón.
Educar la Laboriosidad tiene por lo tanto muchos beneficios, si queremos educarlos para vivir en este mundo real, donde tendrán que asumir responsabilidades, realizar tareas arduas y difíciles; si tienen esta virtud, todo eso les resultará más fácil, servirán mejor a la sociedad y cosecharán mayores satisfacciones, en lugar de sufrir innecesariamente cada vez que la vida les pida un esfuerzo.
La etapa escolar está llena de oportunidades para realizar actos que ayudan a adquirir los hábitos de esta virtud. Y no solamente lo relacionado con el estudio, también las actividades propias de la vida familiar como hacer la cama, ayudar en el orden de la casa, etc.
Para crecer en laboriosidad necesitarán saber qué se espera de ellos en cada tarea (una exigencia adecuada a la edad), cuáles son las reglas del trabajo bien hecho, y qué finalidad tiene, para qué se hace, de manera de despertar en ellos la adecuada motivación. Desde pequeños conviene ayudarlos a motivarse con los resultados propios de la tarea bien hecha; si se abusa de los estímulos externos, es posible que, aunque hagan las cosas bien, no se estén haciendo laboriosos.
Hacer las cosas bien para servir a los demás y ofrecerle a Dios el esfuerzo, son razones que ayudarán a germinar en su corazón la nobleza que se espera de un adulto cristiano.
Algunas consignas y actividades con el hijo, que ayudarán a educar la virtud en la casa:
“Hago lo que debo sin postergarlo”
a) Animarlos a comenzar las cosas cuando está previsto y no postergarlas sólo por flojera o capricho. Felicitarlos cuando lo hagan.
b) Enseñarles a preparar lo necesario antes de emprender una tarea, para no perder el tiempo.
c) Exigirles que trabajen concentrados (desde 10 min. los más pequeños hasta 25 min. los mayores) sin interrupciones, dejando de lado el celular y otras distracciones.
d) Explicarles que deben tener claro lo que tienen que hacer antes de comenzar.
e) Ponerles, o que ellos mismos lo elijan, un encargo que ayude a la vida familiar.
“Me esfuerzo por hacer las cosas lo mejor posible”
a) Explicarles que no basta cumplir la regla general, sino su espíritu; hay que esforzarse por hacerlo tan bien como lo permitan nuestros talentos, capacidades y materiales. Hacerlos corregir el trabajo mal hecho. Motivarlos con el resultado de servicio, de alegría de los demás, etc.
b) Enseñarles a colocar un motivo sobrenatural en todo lo que hacen, ofreciéndolo por alguna intención concreta: por alguien enfermo, por los pobres, por el Papa, por los padres, etc.
c) Mostrares que
Orientación a los padres
“La laboriosidad forma las nueve décimas partes del ingenio”. Goethe.