Testimonios

Egresé del Colegio Pinares el año 2006, hace casi 10 años… ¡Cómo pasa el tiempo! El año siguiente, entré a estudiar Medicina en la Universidad de Concepción hasta el año 2013.

Del Colegio, tengo los mejores recuerdos. Nuestro curso al ser solo 11 compañeros, hizo que fuéramos tremendamente unidos entre todos y hasta el día de hoy seguimos en permanente contacto.

Guardo también muy buenos recuerdos de los profesores y de la cercanía que teníamos con ellos, de las secretarias y del equipo de auxiliares que se encargaban de todos los detalles para que pudiéramos estudiar en el mejor lugar posible.

La organización del Aniversario del Colegio el año 2006, también fue algo que nos marcó, unió y nos obligó a trabajar todos juntos como curso y generación. Junto a la generación 2007, al apoyo del Colegio y entusiasmo de los distintos cursos dejamos todo en la organización de esos 2 días de juegos, más la primera “Triatlón” de Pinares que dio origen al recordado Rambo Nocturno en Calama, como se llamaba la antigua cancha de tierra donde está ahora la cancha de pasto sintético.

En la Universidad tuve la suerte de poder seguir en contacto con el Colegio. Durante varios años fui a Pinares a conversar con los alumnos de IVº Medio sobre las distintas alternativas que hay para estudiar terminado el colegio y también sobre qué era lo que hacíamos y en qué consistía el día a día de un estudiante de Medicina. Varios alumnos visitaron el Hospital Regional y algunos se animaron incluso a acompañarnos en algún turno de urgencia o alguna clase en la Facultad.

Desde su creación, el año 2010 y hasta mediados de 2015, estuve a cargo de la coordinación médica de la agrupación “Médicos del Aire“, iniciativa inédita en nuestro país, donde, en conjunto con el Club Aéreo Concepción, llevamos médicos especialistas a apartados lugares de la VIII Región, que mantienen largas listas de espera de pacientes para poder ser atendidos por algún especialista. A la fecha, se han realizado más de 16 operativos y cerca de 2.500 pacientes han sido beneficiados en las más diversas especialidades gracias a la generosidad médicos y pilotos.

Desde el año pasado, me encuentro realizando una beca de especialización en Oftalmología de 4 años, en el Hospital Universitario Austral (Buenos Aires, Argentina). En marzo de este año, nos casamos con Carolina, también colega y que comenzará su especialidad en este país en los próximos meses.

El Colegio, contribuye en muchos aspectos a la formación como personas de todos los que pasamos por sus salas alguna vez: el trabajo bien hecho, el buen uso del tiempo, la preocupación por los demás y especialmente por los más necesitados, la excelencia académica, la auto exigencia, el aportar a un buen clima de trabajo/estudio y fomentar que sus alumnos realicen cosas extras, aparte de lo habitual de un colegio, son sin duda solo algunas de las cosas que los egresados tenemos que agradecerle a Pinares.

Egresé del Colegio Pinares el año 2005, entrando al año siguiente a estudiar Derecho a la Universidad de Concepción. Actualmente trabajo en el estudio “Larraín y Asociados” en Santiago.

Cuando mis compañeros y yo entramos a la universidad, se podía notar que nuestro colegio era aún muy “joven”: Éramos la quinta generación que egresaba y, como dato anecdótico, nadie del Pinares había entrado todavía a la carrera de Derecho en la Universidad de Concepción, carrera que, precisamente, elegí estudiar.

Así comenzó a construirse una nueva etapa de mi vida que, muchas veces sin darme cuenta de ello, pude cimentar en las bases que el Colegio me entregó, incluyendo aspectos del trabajo profesional que me toca hacer a diario y también de mi vida personal.

En primer lugar, quiero destacar la exigencia académica: el trabajo bien hecho, constante y a veces duro, me fue preparando para las largas jornadas de estudio que implicaba la carrera de Derecho. Cuanto agradezco ahora, esa exigencia amable y llevadera de mis profesores!

En segundo lugar, el desarrollo de habilidades como el inglés; puedo dar fe de que me ha servido mucho en el desempeño de mis tareas diarias que, en un mundo globalizado como el de hoy, implica tratar con personas de otros países que no hablan castellano.

Por último, me parece que la formación personal, tanto humana como espiritual que el Colegio se esfuerza por inculcar a sus alumnos, en el día a día, es uno de los factores que lo distinguen en la ciudad de Concepción. En lo personal, estoy muy agradecido por todo lo recibido en mis años escolares; esto me marcó profundamente, y creo que hoy, más que nunca, cobra un altísimo valor el esfuerzo que, día a día realiza el Colegio formando jóvenes bien preparados para los futuros desafíos de la familia y de la sociedad. En el mundo del trabajo, en el que me encuentro en este momento, la sólida formación personal en las virtudes, esa buena base doctrinal de las enseñanzas de la Iglesia y una piedad aprendida y vivida con sencillez y naturalidad, son un plus que me da la confianza seguir para recorriendo la vida con la seguridad de intentar hacer bien las cosas.

El campus Lo Contador de la Universidad Católica me recibió junto a otros 49 alumnos en marzo del año 2006. Este centro de estudios, fundado en sus orígenes en torno a la Casona de Carlos Casanueva, alberga las carreras de arquitectura y diseño.

Me decidí por la carrera de arquitectura a fines de 4° medio, cuando estaba en el área científica del colegio pensando que estudiaría ingeniería. Mi nueva opción tenía el inconveniente que me exigía dar la prueba PSU de Historia y el cambio al área humanista ya era muy tarde. Sin embargo, el buen nivel de formación académica del colegio y la ayuda especial que me prestaron los profesores fue más que suficiente para dar una buena prueba.

Mirando mi paso por la Universidad, lo que más agradezco del colegio es el nivel académico y la formación general que me entregó. Fue la principal herramienta para sacar adelante la carrera con buenos resultados y disfrutando verdaderamente esa etapa de la vida.

Como cualquier alumno del Colegio Pinares sabe, esa formación general no solo cubre todas las áreas del saber. También se hace cargo de dar altura de miras con la formación en las virtudes y en la fe. Sin duda es ese el plus del colegio que misteriosamente me ha ayudado a desenvolverme con libertad en el mundo laboral y en la vida en general, encontrando satisfacción en las cosas que hago.

Luego de haber trabajado durante los últimos años de universidad elaborando proyectos para su posterior ejecución en trabajos sociales, comencé mi experiencia laboral a comienzos del 2012, en la oficina de José Domingo Peñafiel. Ahí aprendí más de mi profesión de la mano de un arquitecto muy talentoso.

Luego de dos años dejé mi trabajo inicial para pasar a trabajar a Turner Arquitectos. Una oficina de mayor escala, donde he tenido la suerte de desarrollar proyectos de gran envergadura y con mucha variedad de programas. Es un estudio donde me he sentido muy cómodo y donde veo una proyección profesional atractiva.

Mi nombre es Ignacio Vera Izquierdo, exalumno de la 2da generación del Pinares. Estoy casado desde septiembre de 2010 con Camila Mandich Crovetto de Concepción, tengo dos hijos, Magdalena y Santiago y un tercero que viene en camino.

Luego de salir el año 2002 del Pinares entré a estudiar Ingeniería Civil Industrial a la Universidad del Desarrollo en Concepción y egresé el 2008.

Honestamente, me siento muy agradecido por las herramientas que el colegio puso a mi disposición para preparar todo lo necesario para entrar a la Universidad y la vida en general. En lo personal aproveché mucho la orientación acerca de qué profesión elegir (saber realmente qué quiero ser) y también el apoyo académico para tener un buen puntaje.

Por otro lado, el apoyo que más valoro es la preparación para la vida que el colegio me permitió tener. Digo esto porque sinceramente creo que el colegio no es el responsable 100% de prepararte para la vida. Gran parte lo hace la familia y el resto es el empeño de uno mismo por crecer y formarse de la mejor manera. En esto, no tengo más que agradecer porque el colegio me dio los espacios para crecer en valores como esfuerzo, fortaleza, perseverancia, orden, tolerancia a la frustración y ver y tomar las cosas con altura de miras; con visión sobrenatural que en definitiva es verlas con los ojos de la fe.

El Pinares es un colegio exigente y esto puede ser visto negativamente cuando hablamos de tener un crecimiento integral, sin embargo esa exigencia llevada con orden, como nos enseñaban, hacía que el tiempo se multiplicara y mágicamente siempre tuve tiempo para hacer muchas cosas más y como resultado, ser más integro. La universidad es una etapa dónde todas las decisiones son personales y si uno no tiene claro lo que quiere y no tiene las virtudes que permiten alcanzar eso, es fácil perderse.

Por otra parte, el lado humano del colegio es importantísimo. El trato con los demás en todo contexto, es algo que te acompaña a lo largo de la vida y con el paso de los años viene a ser una característica escasa y valorada.

Trabajo

Mi experiencia laboral es corta, pero variada y toda en la VIII región. Mi primer trabajo, en el que estuve 2 años, fue como ingeniero de proyectos en ESSBIO dónde me tocó vivir la tremenda experiencia del terremoto y su reconstrucción. Además, dentro de este trabajo me casé con Camila. Luego trabajé 2 años en la SUBDERE del Ministerio del Interior, que lo describo como un salto enorme en crecimiento profesional y humano, ya que el servicio público es realmente enriquecedor. Trabajando en la SUBDERE tuve a la Maida, mi primera hija y luego en febrero del 2013 a Santiago. En junio de ese mismo año, casado y con los 2 niños, renuncié al gobierno y me fui a estudiar a Birmingham, Inglaterra, donde obtuve un Master of Science.

En septiembre del 2014 volvimos a Chile y rápidamente entré a trabajar a IANSA como Subgerente de Proyectos con oficina en Chillán por conectividad con el resto del país.

Indudablemente todo lo logrado me tiene muy contento, creo que Dios ha sido muy generoso y parte en todo este proceso, además de haberme elegido a unos papás y hermanos increíbles. Al escribir esto, uno ve que en la vida se pueden lograr muchas cosas, pero no significa que no haya habido obstáculos. Para muchos uno no está preparado, como fue la muerte de mi papá el año pasado y lo único que puedo decir al respecto es que sin fe la vida cuesta el doble.

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